
"Retroceda en el lejano pasado tanto como desee y verá que siempre hubo un Damasco", escribió Mark Twain, quien visitó la ciudad en la década de 1.860. Estaba en lo cierto: Excavaciones en la ciudad han demostrado que en el año 8000 aC ya estaba poblada, lo que convierte a Damasco en la ciudad continuamente habitada más antigua del mundo.
Durante el largo pasado de Damasco, la ciudad formó parte de los imperios egipcio, anatolio, mesopotámico, israelí, persa, griego, romano, bizantino, omeya, mongol, otomano y francés. En 1.946, después de cien siglos de continua agitación, Damasco se convirtió en la capital de una Siria independiente.
Siglos de lucha habían causado estragos en la psique del país, y los primeros años de la independencia siria estuvieron marcados por inestabilidad política y sucesivos golpes de estado mientras que los sirios luchaban por establecer un gobierno aceptable. La estabilidad política solo se logró al acceder al poder el presidente Hafez al-Assad el 16 de noviembre de 1.970.
Esta estabilidad bien merecida cambió la cara de Siria, y la frágil paz trajo consigo grandes desarrollos industriales, agrícolas y comerciales. Damasco ha seguido creciendo y se estima que tiene una población actual de cinco millones de personas.

Con cien siglos de historia a sus espaldas, la ciudad de Damasco cuenta con más de 125 monumentos de diferentes épocas de su historia.
El mejor lugar para empezar es la antigua ciudad de Damasco, una ciudad amurallada declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1979 y a la que se puede acceder a través de seis de sus siete puertas. La antigua ciudad está llena de laberínticas callejuelas cubiertas de viñedos y salpicadas de pequeñas puertas que conducen a un montón de tiendas, casas, patios y mercados.
El Zoco al-Hamidiyah es un amplio bazar cubierto situado justo al sur del Monumento a Saladino. Sus calles repletas de ropa y artesanía conducen directamente al corazón de la antigua ciudad: la Mezquita de los Omeyas del siglo VIII. La Gran Mezquita de Damasco es uno de los lugares más espectaculares de Damasco. Fue construida sobre un santuario asirio y es una de las mezquitas más grandes del mundo. Tómese su tiempo para explorar el hermoso oro y los verdes mosaicos del enorme patio, así como su inmensa sala de oración.
Al oeste de Damasco se encuentra el Jabal Qasioun, un pequeño monte con vistas panorámicas de toda la ciudad. El pico es accesible en todo momento, aunque la vista es más espectacular por la noche. cuando las luces del paisaje urbano están encendidas y los minaretes de la Mezquita de los Omeyas están bañados en luz verde.
Los restaurantes de Damasco abarcan cocinas de todo el mundo, pero si desea vivir una auténtica experiencia damascena, visite los carismáticos restaurantes sirios de la ciudad.
El barrio de Midan se encuentra al sur de la antigua ciudad. Es accesible fácilmente caminando hacia el sur desde el Zoco al-Hamadiyah o desde Bab Saghir, la calle romana recta que divide en dos la antigua ciudad. Allí encontrará la bulliciosa calle Jazmatiya, donde podrá pasear junto a cientos de puestos de shawarma y falafel, restaurantes levantinos y pastelerías sirias adornadas con torres de dulces.
Damasco tiene muchas cafeterías y lugares donde fumar shisha (narguile). Aunque la mayoría de los principales hoteles de la ciudad sirven bebidas alcohólicas, el ambiente de bares en Damasco puede ser bastante limitado y se concentra principalmente en el barrio cristiano. Los damascenos a menudo se dirigen al Jabal Qasioun por la noche para ver las luces de la ciudad, pero si usted está buscando entretenimiento en la ciudad, consulte una guía de viaje reciente para conocer las sugerencias más actuales.

Situadas en un oasis, a unos 215 kilómetros al noreste de Damasco, se encuentran las ruinas de la antigua Palmira. Esta famosa ciudad desértica, cuyos restos son ahora Patrimonio de la Humanidad declarado por la UNESCO, antiguamente fue uno de los puntos de parada esenciales de los viajeros que recorrían la Ruta de la Seda de camino a Damasco.
La prosperidad de Palmira permitió la proliferación de elaborados edificios y monumentos a gran escala, pero en el siglo XVI la ciudad empezó a deteriorarse. Hoy en día, todo lo que queda es un panorama de columnas corintias derrumbadas, arcos erosionados, teatros, tumbas en laderas y templos repartidos por todo el paisaje. Sin embargo, muchas de las ruinas se encuentran en un estado sorprendentemente bueno y la ciudad en ruinas de Palmira permite hacerse una idea de la antigua cultura siria.